La tormenta perfecta en Wall Street

[hupso]

En los últimos años hemos sido muy críticos desde Blackbird, con las políticas monetarias expansivas de la FED, que hemos categorizado como un atentado sobre la economía global.

No podemos negar, que si miramos los datos macroeconómicos, tratar de ser críticos con la implementación de dichas medidas no deja de ser una osadía. No podemos negar que si el propósito de la FED era recuperar la moral del consumidor y con ella, el mercado laboral y la inversión, podemos decir que con la tasa de empleo al 5,1%, las medidas no convencionales han sido un rotundo éxito. Sin embargo, no podemos sacar conclusiones adelantadas haciendo uso del cortoplacismo inmediato, puesto que en economía, siempre hay un contrapeso y el coste de oportunidad nos enseña que para tener un bien hay que renunciar a otro. En este caso, el bien escaso es el dinero, pero la impresión desmedida de dinero, debería tener un efecto colateral del mismo modo que lo ha tenido cualquier burbuja a lo largo de la historia.

Es evidente que hoy no somos capaces de comprender el desenlace de la reciente expansión monetaria; ¿pero acaso creen que la Holanda de los tulipanes, creyó que había algo que no iba bien? Las burbujas, sean de la índole que sean, tienen dos cosas en común; la expansión monetaria y la negación de la evidencia.  Está claro que el QE va a tener unos efectos secundarios que hemos tratado de comprender, pero del mismo modo, es imposible de evaluar hechos que todavía no han sucedido. Solo el tiempo sabrá convencernos de lo que hemos hecho mal y quien sabe, si la economía liberal, por fin toma el mando del intervencionismo.

 

S&P500 Index

 

 

 

Lo cierto, es que todas estas dudas que se nos plantean nos permiten adaptar nuestros modelos operativos a los diferentes entornos que nos ofrece el mercado y a veces, la arrogancia de querer refugiarse en los argumentos de una disciplina concreta de análisis es claramente un error. Los datos presentados, ya sean macroeconómicos, técnicos o fundamentales, tienen un gran defecto y es que son datos actuales. El mercado como sabemos, descuenta expectativas basadas en el crecimiento del beneficios por acción. Éstas, se reflejan siempre en una comparativa entre diferentes rendimientos, por lo que el concepto caro y barato, siempre se justifica en función de dos variables clave, el beneficio por acción y la rentabilidad de los activos libres de riesgo.

Sin embargo, el mal endémico de los analistas a lo largo de la historia, ha sido tratar de justificar variables actuales, con proyecciones o predicciones absurdas de beneficios, basadas en cifras históricas y sin tener en cuenta el factor clave de todo proceso económico, que son las decisiones humanas.  Actualmente en Blackbird estamos dispuestos a asumir un riesgo operativo; el del tiempo. Y la decisión operativa, viene marcada como siempre por las condiciones en la estructura del mercado y el planteamiento de nuestra hipótesis operativa en función de las variables que anteriormente les exponía. Si observamos el grueso de sectores de USA, apreciamos grandes divergencias en el seno de los principales índices sectoriales, con las compañías más expuestas al ciclo marcando movimientos bajistas que reflejan en cierto modo la realidad del ciclo económico global y por otro lado, nos encontramos con las compañías de consumo, financieras, algunas tecnológicas y las farmacéuticas, en zonas de precio, solamente justificables, por la baja rentabilidad de los activos libres de riesgo.

En Blackbird, siempre hemos optado por tratar de ir en contra de la opinión de consenso y tratar de seguir nuestro propio criterio. Es cierto que las métricas agregadas de valoración, en contraposición con las rentabilidades de los activos libres de riesgo, no marcan nada preocupante, del mismo modo que también es cierto que los datos macro son un claro refugio para los inversores, amparados en un crecimiento sólido en USA y incipiente pero consistente en Europa. Estos datos y la enorme volatilidad de los mercados, nos hacen buscar excusas, que encontramos en China, Grecia o en la subida de tipos de interés por parte de la FED. Pero nosotros creemos que el verdadero riesgo de la economía global radica en la confianza del consumidor americano y en la atrofia existente en los mercados financieros actuales, provocada por la FED, que podría estallar en cualquier momento y forzar lo que he denominado, como  “tormenta financiera perfecta”.

 

La realidad actual  de los mercados financieros globales se compone por las divergencias. Las políticas monetarias expansivas de la FED no han actuado sobre la economía real, sino como suele suceder en momentos de facilidad monetaria, en los mercados especulativos. La FED, ha comprado alrededor de 4,3 trillones de USD de activos de deuda pública en el mercado, a los bancos privados. Este suceso, explica la revalorización de los activos libres de riesgo en los mercados de deuda y a la vez una inyección monetaria enorme a los bancos privados, que ven mejorar sus balances en las partidas de activos y a su vez, más liquidez para poder llevarla a la economía real. Si miramos la tasa de paro, podemos decir que los modelos estocásticos del QE han sido totalmente eficaces, pero en Blackbird dudamos de su eficiencia, puesto que el circuito natural de la expansión monetaria, debe ser el crédito a la inversión y de ahí, al mercado laboral y al consumo. Toda expansión crediticia no sujeta a la creatividad empresarial, con el propósito de fomentar cubrir necesidades de consumo, mediante la innovación, está abocada a los mercados especulativos.

Los bancos privados lo han hecho nuevamente y el rescate tras la quiebra subprime, que permitió a los bancos privados socializar las pérdidas y privatizar las ganancias, no ha servido para nada. Los bancos repiten cíclicamente sus errores de inversión y los economista liberales sabemos que todo proyecto de inversión no viable, solamente puede corregirse mediante la quiebra y que la intervención, de la índole que sea, es un absoluto error. El sistema financiero debe de estar sometido a una amplia reforma que nos permita volver al patrón oro y terminar con el actual sistema bancario con un coeficiente de caja del 100%.

Los argumentos que nos hacen concluir de esta manera, los encontramos en los datos de inflación y las grandes divergencias de los mercados financieros. Por un lado, la inyección monetaria a la banca no ha generado inflación, lo que significa que el consumidor ha decidido cambiar el hábito y tras el batacazo de 2007, ha aprendido una gran lección;  el dinero, aún y siendo gratis, ¡hay que devolverlo!. Los errores de inversión se han corregido y los agentes económicos han cambiado sus hábitos de consumo. Sin embargo, si miramos los índices de precios de los activos cotizados, reflejan claramente que la inflación existe en los precios de los activos, generando burbujas selectivas, justificadas por diferentes argumentos.

Por otro lado, la sinfonía habitual de los mercados no ha dejado de desafinar en el último lustro y actualmente, encontramos un enorme gap entre las compañías cíclicas; con las de consumo, internet y farma. De algún modo, podemos interpretar estos factores de la siguiente manera. Las compañías cíclicas que reflajan claramente la actividad industrial global, explican que la recuperación económica es anémica y que las complicaciones de ciclo siguen vigentes, como vemos en Brasil o China. Sin embargo, la tasa del mercado laboral, parece indicar una clara recuperación del consumo y de la inversión. Las compañías han ganado mucho dinero gracias a que la FED ha manipulado el efecto riqueza del consumidor mediante la compra masiva de activos en los mercados cotizados, lo que ha provocado una burbuja financiera.

Tratar de justificar el precio de  las bolsas, mediante  las nulas rentabilidades de unos mercados libres de riesgo absolutamente manipulados, no deja de ser peligroso, puesto que el efecto rebote de un mercado sobrecomprado, puede ser ciertamente pernicioso. Si tratamos de justificar las valoraciones de las bolsas, en una valoración en su media, es abandonar las cuestiones que subyacen detrás de la economía y que están motivadas como decíamos, por conductas humanas. No podemos caer en la arrogancia de las series numéricas, puesto que las conductas emocionales, son del todo imprevisibles. Por este motivo, si defendemos que el principal catalizador en las compañías de consumo de servicios y de internet, ha sido la manipulación del consumidor americano y los bajos tipos de interés -han permito levantar la confianza del consumidor mediante el efecto riqueza y mejorar el poder adquisitivo del mismo- podemos adivinar, que los cimientos son absolutamente frágiles. Y aquí es donde entramos en la definición de la tormenta perfecta, que tendría origen en la saturación de los mercados de activos, lastrando la moral del consumidor mediante el efecto riqueza y un menor poder adquisitivo, como consecuencia de un deterioro del consumo y un incremento de los costes financieros. Esta paradoja, podría ser el desencadenante de una caída drástica de los beneficios de las compañías de consumo de servicios, con una oleada de profit warging y un incremento de las primas de riesgo, en deuda pública americana, que podrían provocar a su vez un recorte de su elevado gasto público.Estos recortes tendrían un claro destino, con la más que probable llegada de los republicanos al poder, el Obamacare. Este es el segundo gran riesgo, y que generaría el segundo gran hilo conductor de la subida de los beneficios empresariales de Wall Street. Por supuesto, la liquidación de activos podría desencadenar una oleada de ventas, sobre la ingente cantidad de activos comprados en el mercado y una reestructuración de la deuda que sujeta al mercado, mediante una ejecución masiva de créditos o  Margin call masivo.

Obviamente, todos estos argumentos son supuestos basados en una reacción en cadena provocada como consecuencia de las políticas monetarias expansivas de la FED. Sin embargo, a pesar de la complejidad del escenario, creemos que las condiciones para que el mercado pueda sufrir una severa congestión se incorporan a las cotizaciones, lo que nos hace pensar, que la clave que nos permita comprender, de que manera se puede contagiar la subida de interés en las bolsas y por ende, la economía, es mediante un efecto rebote, sobre la confianza del consumidor americano, como pieza angular, de lo que hemos definido como la tormenta perfecta.

 

Marc Ribes

 

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