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El resultado del referéndum en Grecia han sido concluyentes en su resultado, pero inservibles en lo práctico. EL 61% del electorado ha votado en contra de las propuestas de la Troika. La primera rección, en contra de todo pronóstico ha sido la dimisión del ministro de economía, Varoufakis. La segunda reacción ha sido la confirmación de que Tsipras manda un nuevo plan de ajustes al eurogrupo, para tratar de llegar a un acuerdo, que tras el resultado electoral, es más complicado que nunca.

La situación en Grecia en la actualidad es enormemente compleja, con un corralito financiero y el primer impago al FMI. Cualquier acuerdo político, que plantee un tercer plan de rescate tiene que ser aprobado por cada uno de los parlamentos nacionales, con un procedimiento de emergencia que implica una mayoría cualificada, lo que la situación política entre Bruselas y Atenas, se ha complicado sobremanera y más, después de que Tsipras defendiera el NO, en contra de sus socios europeos.

Los riesgos ahora parten en dos direcciones, los mercados financieros y la recuperación económica. El próximo 20 de julio Grecia tiene un vencimiento muy importante con el BCE de un importe total de 4,2 bn, lo que podría provocar un nuevo evento de crédito, mediante un default al BCE, siendo en este caso, bastante más complejo que el default ya provocado con el FMI. En caso de impago, se podría cortar el ELA de manera definitiva y las relaciones entre Grecia y Europa quedarían ya al borde de la ruptura y la salida de Grecia del euro, sería entonces una realidad. Por lo tanto, es lógico pensar que el día 20 puede ser un nuevo hito en esta crisis. La afectación de estos sucesos a los mercados está siendo limitada, básicamente por que los principales tenedores de deuda ya no son entidades financieras y si entes públicos. Por lo tanto, el tan temido riesgo sistémico se ha desvanecido en estos 5 años, en los que las principales autoridades en materia económica, han logrado rebajar la tensión de un conflicto, que hace 5 años hubiera significado el colapso del sistema financiero y una caída de la economía europea. El verdadero problema que podemos vivir a partir de ahora, son las tensiones en el mercado de deuda pública, puesto que el contagio a las economías del arco mediterráneo, podrían implicar un incremento en el coste de financiación, pero el BCE tiene las herramientas necesarias, para poder combatir de forma eficiente las tensiones de deuda, y mantener el mercado a salvo. Por lo tanto, más allá de la volatilidad típica, no vemos peligros que afecten la tendencia a largo plazo, en las bolsas europeas, debido al principal logro de Europa, en referencia a los mercados, que ha sido terminar con el riesgo sistémico y tener herramientas, para frenar el contagio en los mercados de deuda pública.

 

Por otro lado, el problema económico es muy grave para Grecia, que como sabemos no cuenta con efectivo para poder cubrir sus gastos corrientes, como nóminas o pensiones, lo que podría provocar nuevas agitaciones sociales, lo que penalizaría la principal fuente de riqueza ahora mismo, el turismo. A este suceso de no poder hacer frente a los salarios y pensiones y de provocar una situación que frene el turismo, se le suma la restricción de capital, lo que provoca que la demanda interna se desplome agudizando todavía más la crisis. El ELA es el único mecanismo que puede mantener a flote a Grecia y un impago al BCE el próximo día 20, significaría el fin del mismo y un problema añadido para Grecia, que podría enfrentarse a la definitiva salida del euro, con todo lo que ello supone. Recordemos que Europa financia a tipos muy competitivos a Grecia y que buscar otros acreedores como Russia o China, implicaría subir el coste de financiación del 2,5% al 7-8%. La presión de una nueva divisa, podría implicar devaluaciones en torno al 50%, como ha sucedido en otras naciones, con inflaciones importantes y desajustes fiscales, que agravarían todavía más la situación en Grecia. En Europa sin embargo, las consecuencias económicas son limitadas, puesto que si llegado el caso, Grecia no pagara ni un solo euro a Europa, no se afectaría la solvencia de los países miembros de la zona euro.

Creemos que más allá de las negociaciones y un posible acuerdo, el BCE toma una importancia clave en estos momentos, puesto que deberá decidir que decisiones toma en referencia al ELA y de que manera calma las posibles tensiones en los mercados de deuda europeos, con los mecanismos establcidos, tales como los LTROs, OMT y el QE.

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